Ser madre y pastora a la vez

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Ser madre y pastora a la vez

Equilibrando el llamado divino con el rol de ser mamá

¿Alguna vez has sentido que tienes que ser dos personas al mismo tiempo?
Una que enseña, organiza, dirige o predica con entrega cada semana…
Y otra que lava platos o dobla ropa a medianoche, mientras sus hijos duermen.

Una que escucha los problemas de la congregación…
Y otra que consuela a su hijo que llora por un dolor de piernas.

Ser madre y pastora no es una carga doble, es un llamado doble.
Una vida vivida entre lo sagrado de servir a Dios y lo maravilloso del hogar.

Corazón de sierva y corazón de madre

"Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra..."
Lucas 1:38 (RVR1960)

Cuando pensamos en María, vemos más que la madre del Salvador.
Vemos a una mujer que, al decir “sí” a Dios, abrazó una vida de entrega absoluta.

Ese mismo corazón lo llevan hoy muchas mujeres: sirviendo a Dios mientras crían, enseñan, cuidan y oran por sus hijos.

Ser madre, esposa de pastor o pastora implica rendirse diariamente.
Servimos con gozo a la iglesia, pero jamás debemos olvidar que nuestro primer rebaño está en casa.

Tres claves para vivir este llamado con gracia

1. Prioridades claras
Nuestro orden importa:
Dios, esposo, hijos… y después, la iglesia.

Cuando ese orden se altera, llega el desgaste emocional y espiritual. El equilibrio comienza con obedecer ese diseño divino.

2. Tiempo y equilibrio
Debemos ser intencionales con el tiempo que damos a nuestros hijos.

A veces significa decir “no” a una actividad en la iglesia para decir “sí” a una cena familiar.
Otras veces, es orar mientras doblamos ropa o predicar tras una noche en vela.

Ahí, nuestra fe se vuelve real, viva y poderosa.

3. No eres perfecta, pero edificas lo eterno
Proverbios 31 habla de una mujer virtuosa que lo hace todo con gracia y fortaleza.

Y aunque podemos sentirnos lejos de ese modelo, recuerda: Dios no espera perfección, sino disposición, amor y entrega. Mujeres que teman su nombre y lo pongan en primer lugar, que edifican su casa sobre la roca eterna.

 

Conclusión

Ser madre y pastora a la vez no siempre es sencillo. Hay días de mucho gozo y otros de profundo cansancio. Pero aun en medio de las demandas, Dios sigue sosteniendo, guiando y formando nuestro corazón.

Cada oración hecha en silencio, cada abrazo a un hijo, cada palabra de ánimo y cada acto de servicio también son parte del ministerio que Él nos confió.

Tal vez no siempre tendremos todo bajo control, pero podemos descansar en que Dios obra en nuestra debilidad y se glorifica en nuestra entrega diaria.

Que nunca olvidemos que, antes que mujeres capaces, somos hijas amadas y siervas sostenidas por la gracia de Dios.

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Monica Prieto

Pastora, Consejera y Coach de Nutrición y Salud Mónica Prieto es un ministro ordenado y ha servido en el ministerio pastoral de la Iglesia Cuadrangular por 36 años. Actualmente, junto con su esposo Daniel, son misioneros emisarios de la Iglesia Cuadrangular para Italia. Es la Directora de Cuidado Pastoral en Conexión Pastoral y desarrolladora del programa Somos Hogar. Invierte gran parte de su tiempo como consejera pastoral certificada y mentoreando a mujeres que están en liderazgo y en el ministerio. Mónica es Coach certificada de nutrición y salud, ha obtenido Licenciaturas en Ministerio Cristiano, Psicología y Consejería. Además de tener Maestrías en psicología clínica y en terapia conductual. Su pasión es tratar temas sobre la salud física, emocional y espiritual, sobre la familia y sobre la mujer.

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