Dar lo que necesitan, no lo que pensamos que necesitan

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Hace un tiempo atrás vi una escena a través de las redes sociales que no la voy a poder olvidar por todo lo que me transmitió.

 

Una niña, de unos 4 años, lloraba desconsoladamente sentada en el piso. En ese momento, se acercó al parecer su hermanita,  que no tenía más de dos años. Se detuvo frente a ella, la miró a los ojos por un rato, extendió su brazo, secó las lágrimas y le robó una sonrisa, luego la abrazó y trató de animarla aplaudiendo y sonriendo. Abrió una vez más sus brazos,  la abrazó otra vez y con sus dos manitos secó sus lágrimas nuevamente, provocando que la niña más grande secara sus mejillas con un suspiro de tranquilidad. 

Esta escena tierna y al mismo tiempo tan profunda que duró tan solo unos segundos, dejó a un lado lo infantil y plasmó una lección de vida.

Hay momentos en la vida que solo necesitamos un abrazo, que alguien seque nuestras lágrimas y no un  montón de consejos y razones por las cuales debemos dejar de llorar o hacer lo que estamos haciendo. 

 

Sobresaturados (de consejos)

Soy una persona que se dedica a aconsejar, los más cercanos me han dicho que es algo natural en mí, no necesariamente porque sea consejera pastoral. Lo cierto es que doy consejos todo el tiempo, y siendo sincera, no los doy solamente cuando  me los piden. Lo cual me ha llevado a pensar en la importancia de ser sabios al querer ayudar, y no ser tan rápidos en dar consejos, nuestra opinión o punto de vista.

Vivimos en una época donde vemos nuestro celular y podemos escuchar infinidad de consejos, desde cómo cocinar mejor, hasta qué hacer para tener un matrimonio felíz,  desde cómo enfrentar la ansiedad, hasta cómo lograr que los triglicéridos bajen.

Escuchamos más consejos que noticias últimamente...

La realidad es que queremos crecer, aprender y mejorar aspectos de nuestra vida y todo eso es muy bueno. Pero en un mundo sobresaturado de consejos, las personas también se sienten saturadas. Todos les dicen qué tienen que hacer, qué no tienen que hacer, les diagnostican síndromes, y trastornos mentales. Definen la personalidad de quienes le rodean y por qué reaccionan de tal o cual manera.  

 

Buscar consejo (es bueno)

El libro de los Proverbios nos muestra la importancia de buscar consejo, y cómo esto nos da sabiduría, seguridad, y victoria.


Creo en la ganancia que nos da, tener personas a nuestro lado que nos puedan aconsejar en momentos decisivos, en tiempos de crisis, en situaciones que requieran de su sabiduría. 

Debemos procurar siempre buscar consejo. 

Por otro lado, en nuestro deseo de ayudar al otro y de querer verlo mejor surge muchas veces el impulso de dar consejos inmediatamente sin pensar o sin discernir el momento, o lo que verdaderamente la persona está necesitando. Los amigos de Job, por ejemplo,   comenzaron a dar consejos que en lugar de ayudar y consolar, analizaron, juzgaron y condenaron.

 

Acompañar desde el amor

El enfoque que hoy quiero presentarte en cuanto al consejo se centra en los elementos indispensables para acompañar a alguien en un momento difícil o no tan difícil, en una simple conversación o en una crisis. No desde mi sabiduría sino acompañando desde el amor. :

  1. Escuchar activamente:  transmitir a la persona que estamos escuchando, que estamos atentos a lo que nos está diciendo, en lugar de estar buscando en nuestra mente qué le vamos a decir, qué consejo necesita. Escuchar antes que hablar, no interrumpir cuando nos está comunicando lo que está atravesando. Escuchar con atención significa estar presentes.
  2. Tener empatía: Ponernos en el lugar de esa persona, tratar de entender desde su contexto, lo que está pasando. No compararlo inmediatamente con algo que nosotros hayamos vivido y superado. Sentir su dolor, su preocupación, aún su felicidad. Tener más empatía ayuda a no juzgar o condenar.
  3. Hacer preguntas: Jesús hacía preguntas mostrando interés en el otro:  ¿Qué quieres que te haga?, ¿Por qué tienen miedo?  Podemos hacer preguntas y dejar que piensen, reflexionen y que la misma persona se de cuenta de lo que necesita al responder esas preguntas. Simplemente preguntas como ¿qué es lo que necesitas?, ¿cómo estás?, ¿hacia dónde vas?, ¿a qué le temes?, ayudarán a traer claridad de sus sentimientos o pensamientos.
  4. Procurar el discernimiento espiritual: podemos tener conocimiento y brindar un buen consejo, sin embargo, hay algo muy valioso y es el discernimiento espiritual, es decir, lo que esa persona está necesitando verdaderamente y no un desborde de toda nuestra sabiduría.  El discernimiento es esa capacidad, ese don dado por el Espíritu Santo que nos ayuda a no analizar una situación de forma natural solamente.
  5. Demostrar amor: las personas necesitan sentirse amadas, sentir el afecto de aquel que está a su lado, una conexión genuina. Hay momentos que solo necesitamos un abrazo como el de esa pequeña niña. Se ha comprobado científicamente que un buen abrazo segrega en nuestro cerebro la famosa oxitocina, la tan conocida hormona de la felicidad, la cual reduce la ansiedad y el estrés. También un abrazo estimula la producción en el cuerpo de dopamina y serotonina, que ayudan a regular las emociones y motivación, la calma, el descanso, entre otros.

 

Dar lo que (verdaderamente) necesitan

En Lucas 18 encontramos a Jesús preguntando al ciego: "¿Qué quieres que te haga?" 

Jesús esperó la respuesta del hombre: “que vea”, y Jesús le respondió ve tu fe te ha hecho salvo”, y agrega y “luego vio y le seguía glorificando a Dios”. 

Esta historia muestra la importancia de dar lo que la persona necesita, ya que, no solo necesitaba ver (como el ciego pensaba), necesitaba la salvación que Jesús le podía dar. 

¿Es que acaso Jesús no sabía lo que él necesitaba? Si lo sabía, pero a través de su pregunta, de escucharle, de prestarle atención le dio lo que en verdad necesitaba. 

 

Vamos a tener momentos como este en la vida, con un hermano, una hermana, un amigo, una compañera; por lo tanto antes de dar automáticamente un sermón, un análisis de la situación o decir lo que deberían hacer, permitamos que a través de prestar nuestro oído para escuchar atentamente, hacer las preguntas necesarias, a través de la empatía, el discernimiento espiritual y el amor, también podamos dar a los demás lo que realmente necesitan. 

 


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Monica Prieto

Mónica Prieto ha servido en el ministerio pastoral por más de 30 años. Es Consejera Pastoral Certificada y Coach en Nutrición y Salud. Lidera junto a su esposo, Daniel, Conexión Pastoral, un ministerio a través del cual promueven la salud y el bienestar del pastor, su familia y ministerio. Invierte gran parte de su tiempo aconsejando y mentoreando a hombres y mujeres que están en el ministerio. Mónica tiene una Licenciatura en Ministerio Cristiano y además en Psicología: Consejería Cristiana y Coaching de Vida, actualmente está cursando su Maestría en Psicología Clínica y de la Salud. Mónica y Daniel han estado casados por 34 años y tienen cuatro hijas, Melisa, Julieta, Paula y Victoria. Le apasiona hablar sobre los temas de salud integral, familia. Hogareña de corazón, ama caminar, disfrutar el paisaje, escribir y pintar.

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