Una reflexión personal acerca de la honestidad relacional

Tuve el privilegio de nacer en un hogar cristiano y cuando tenía cuatro años mis padres aceptaron el reto del pastorado en una iglesia local al sur de Bogotá, Colombia. Como saben mis colegas hijos de pastores crecimos en un ambiente eclesiástico donde todo parecía girar entorno a nuestra iglesia y como creía que debíamos ser ejemplo, cuando llegué a mi adolescencia solo pensaba en mi futuro, como ganar dinero, y así silenciar los comentarios de algunas personas.

Lastimosamente crecí creyendo esta afirmación:

“no puedo tener amigos dentro de la iglesia.”

Pensaba que ellos no podrían ser empáticos conmigo. Con todo el tema de la pandemia y nuestra nueva normatividad, decidí unirme al grupo de protocolo de mi iglesia y ayudar un poco, ya saben poniéndome la camiseta y bueno todo lo que implica pasar del texto a la acción.

Tuve la oportunidad de redactar parte del protocolo y cada vez que veía el término ¨distanciamiento social¨ me cargaba, así que preferí ayudar y
pensar positivamente en el momento que saliéramos de todo esto y volviéramos a nuestras normalidad.

Pero cuál era esa normalidad a la que quería volver, “si finalmente ya existía ese distanciamiento eclesial dentro de mi iglesia, mucho antes de que el COVID – 19 llegara a nuestras vidas.

Hace varias semanas inicié la Escuela de Formación Pastoral (EFP) y en la cuarta semana el tema fue “Demos seguridad“, y allí el Espíritu Santo me empezó a mostrar cuánta tensión hay en mí.

Me di cuenta que le temo a la honestidad relacional con los hermanos de mi casa, es decir, me cuesta ser genuina, honesta y vulnerable con los miembros de mi iglesia. El domingo mientras servía en el protocolo y veía las personas llegar a la iglesia, me preguntaba ¿Quién teme más a quien? ¿yo a ellos? o ¿ellos a mí? ¿Qué he hecho que mi familia en Cristo llegue a la iglesia y no se sienta a salvo?.

Por el contrario, he sido diplomáticamente religiosa reunión tras reunión por muchos años, mi comunicación con varios de mis hermanos no trasciende a más de un “Hola, Dios te bendiga.” Uso ese monólogo gerencial que me impide tener realmente un diálogo intencional
o poder escucharles; en medio de esta situación que parece tan natural mis razonamientos
termina en juicios congregacionales, luchando con pensamientos como:“Si no levantó las manos es porque algo anda mal” o “Ese hermanito es un dominguero” y entre otros, que han llegado a mi mente en varias oportunidades, me empiezo a dar cuenta que me es más fácil mirar la paja en el ojo ajeno que la viga en mi propio ojo.

De allí surge mi conclusión personal: “el distanciamiento eclesial ya existía en nuestras iglesias mucho antes de esta pandemia” y yo lo promovía. En mi casa espiritual, aprendí a hacer críticas destructivas y olvidé reconocer los logros, capacidades y talentos del otro; me dejé llevar por la envidia, los celos o ciertas aptitudes que se convirtieron en argumentos o comentarios negativos que salieron de mis labios.

“Demos seguridad” es la frase que hoy toca mi corazón y anhelo que rete el tuyo.

Como lo dice la palabra en Proverbios 18:24:

“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y
amigo hay más unido que un hermano”.

Que podamos ser esos amigos, sin apariencias o
generalizaciones
, que nuestra salud como personas pueda ser cimentada en nuestras iglesias y así
poder construir más comunidades seguras.

Reconozco aún estar en el proceso y aprovecho esta oportunidad para pedir perdón a Dios y a los
miembros de mi casa, a las personas que Dios ha puesto en mi cargo, si en medio de mi posición
como hija de pastor o parte del equipo ministerial, he olvidado de que mi labor no está en dar
ejemplo, sino en empoderarte y ayudarte a cumplir el propósito de Dios para tu vida.

Avatar

Liliana Parra reside en Bogotá Colombia y es parte del equipo de Conexión Pastoral.

Avatar

Post Written by Liliana Parra

Liliana Parra reside en Bogotá Colombia y es parte del equipo de Conexión Pastoral.

Deja un comentario



    Otros artículos